sábado, 13 de diciembre de 2008

Lluvia inesperada.

Otro coco

Hasta tocar el cielo
y abarcarlo, todo, quieto:

Desde el este de tus cabales
bailes locos.

Desde el sur de tus caderas
y fuentes que recogen el azur del horizonte,
el rocío.

Desde el ápice del purgatorio,
que en su Jerusalén clama tus ojos serenos,
observándolo desde arriba.

En aquel preciso haz de tiempo,
cerca de mi halo mortecino se cruce con tu joven
y viva risa, subterrena.
Recogeré la gloria de mi pobreza,
en el azul de tu vestido.
Beberé el blanco vino
que fluye, cae sobre las ciudades,
y tras tu negra melena de rizos imposibles
me recoges en tu lecho, ocultando,
un día más el sol.

Para poder seguir soñando.

Azur reflejo.

Otro coco

Tú, reina de los hielos,
en mi pecho congelaste un suspiro
allá donde tus tormentas se encuentran
con las ventistcas de mis estepas.
Perdí yo el camino
en el periplo entre tus pechos,
tu yerma y doliente mirada
esgrimió todas mis heridas.
Aun yo sangro, esperando la primavera
alivio y velatorio de tu invierno frio.