martes, 9 de diciembre de 2014

El blues de la niña

Sus pies dejaban huellas húmedas sobre el frio suelo del pasillo y sus rodillas pálidas temblaban arrítmicamente, el corazón de la niña era un pájaro con un ala rota que la movía a tropiezos hacia la puerta. Era puto diciembre, estaba oscuro y las ventanas estaban rotas, con los cristales esparcidos en el suelo entre la una masa negra de basura. Afuera de la casa se extendía una línea de ferrocarril y cada veinte minutos pasaba un tren cargado de mercancías chinas, era un polígono que se había construido bien a las afueras - tanto que al cabo de una década ruinosa se quedó abandonado por la ciudad, y reconquistado por los yonkis y vagabundos, que ya estaban ahí antes de que se construyera. Estos últimos ya estaban sacándole las ruedas al coche de la niña, que se había quedado aparcado detrás de la casa, mientas ella se aproximaba a una puerta colgada por una sola bisagra.

Hasta aquí, todos sabemos que esto es una mala idea, jodidamente mala – pero ahí está ella, buscando algo, yendo a tientas por ese laberinto maloliente.

Ella está bailando su blues violento, quemando el mundo dentro de sí misma, como una polilla entre dos cristales, recurriendo a su instinto de supervivencia y lanzándose contra todos. Al público no le gusta y la abuchean, en su cabeza suenan sirenas de alarma – un jodido bombardeo! Están reduciendo la ciudad a cenizas mientras ella se contonea y vibra como una cuerda de guitarra.


A quien le importa nada? Cuando el mundo arde, descubres que la gente sale a la calle con una bolsa de cosas absurdas y cara de vaca hindú. De qué sirve a ti, iluminado y ocioso lector?

martes, 18 de noviembre de 2014

Desierto sin sol
Carretera, los neumáticos besando el pegajoso asfalto, susurros de arena enredándose en los coches, flotando como auroras boreales sobre la negra vía. El cielo se pierde en la seca bruma, el calor castiga los matojos secos y lenguas de pesada arena lo lamen todo, enterrando, como una madre que tapa a su crio con una manta.
En el horizonte se ve un mar de luces, un mar de siluetas – afilados dientes que sacan tajadas de nubes, mastican estrellas y las defecan en esta carretera, iluminando la soledad del viajero.

Sudor caliente, manos que se resbalan por el volante, asiento empapado – no pienses en caliente, conduce – me digo, pero el aire me ahoga y me cuesta respirar. En un suspiro todo habrá acabado, y el coche, las estrellas y el asfalto serán uno conmigo, en esta monolítica tumba sin contorno.
Creí viajar al centro de la tierra, que iba a encontrar el nucleo del mundo – descubrir el fuego, y acabe al borde del cadalso, entre las rocas de la tierra yerma. Hasta aquí no llega el humo de mi pipa, ni el sonar lejano de las olas – que braman sin parar en mi pecho, con el sonido del reloj, las horas. Bramando siento el cuchillo, degüello de mi pensamiento, circuncisión de lo que hubiera sido – plastificado sentimiento.
Como hablar? De que contarte yo podría, si cada vez que abro yo la boca – bocanadas de ceniza vierto - escupo telarañas negras, que en mi pecho se habían enredado – seré yo el dolor del mundo, o es el mundo mi dolor sangriento¿


Raras flores se elevan, escarpados acantilados
Pedruscos y hormigueros, hacia el cielo sin estrellas.
Como arboles errando entre las nubes
Con sudor y sangre nutriéndose se alzan.
El viento trae fatigas y sollozos, acallando
El sonar de los coches bajo los balcones.
El alma del desierto es ardiente y fría - cala
En el corazón y huesos, de aquel que su pecho abre.
Cierra los puños y los ojos, niño
No vayas a creer en el brillo
Que aquí el oro es arena, y la negra muerte
Que desde el cadalso sube y en tu boca sabe a
Veneno.



Vuelvo al mundo y está como si no me hubiera ido, y me canso de caminar, correr o nadar – hay días en los que solo querría dejarme llevar por las olas, mecerme como un barco volcado durante una tormenta, mecerme hasta hundirme.
Antes siempre había un motivo, hace años lo había porque era demasiado joven, después lo hubo porque fui demasiado estúpido – y ahora que soy yo, no hay motivos más que para darle al vino.
Cualquier cosa que diga será una excusa para no ser honesto, y cualquier cosa que me calle será el motivo de que alguien se sienta dolido – ajeno a todo lo que me importa.

Quizás todo lo que esté buscando está en el fondo del mar, en el silencio de las cosas que están bien donde están. El amor de la entropía, el eterno orden divino que abraza cada átomo del universo, salvo a nosotros.