martes, 8 de septiembre de 2009

Del borrador

Vente nena, cojamos la escalera que el ascensor me da angustia, y seguro que nos follamos contra el espejo. Vamos, que solo son doscientos pisos, que eso se hace en un salto, agarrate y no nos faltara el tiempo.
Ya se que las pasaremos putas, que más de un mes veremos más comida en la basura que en la nevera, que las noches seran frías, que tendremos ojeras y la piel amarilla, que los fosforos se mojaran y el tabaco sabra peor que antes. Pero no te preocuepes por esas minucias, que no lloramos por lo que queremos sino que nos lamentamos por aquello que tuvimos.

domingo, 6 de septiembre de 2009

Fuga


Llamarada iridiscente de tremulos gestos indecisos, en caida libre hacia lo profundo de los abismos, dibujando en las paredes con su capa de liquenes un halo de verdes y azules cuarzos rosa. Como un eco llegan tus reflejos a subirse por el techo, acariciando la mirada con lejanos susurros. La curiosidad expande el pozo hasta que mis manos se hunden en el vaso humedo y se separan los talones del suelo quedandose atrás el mundo. Abajo hierba gris, color de paja, como un prado infinito con un cielo transparente, que es suelo de otro cielo que hay cercando el abismo. Allá estan tus manos quietas, jugando a mezclarse con la tierra, una sonrisa sepia como el aire arido del desierto que me trae tantos recuerdos.
Abro los ojos y aun estoy cayendo, que aquello solo fue un seño, sigo viendo el reflejo arcoiris del azur de la mañana parisina. De aquella noche en las que tus labios se dibujaban a si mismos imitando los sonidos que inundaban las calles con un ebrio aroma de damas de noche y pereza. Ahora si mirara hacia atrás vería el mundo como un inseguro punto de luz, ahora lo que siento son las paredes frias y cubiertas de enredaderas, se abre otra luna en el cielo como una puerta, bajadno por los senderos de las nubes, tumbado imaginando en el cielo otro mundo ideal.

viernes, 28 de agosto de 2009

De la carne


Carne roja buscaba el aburrido carnicero, con sus brazos afilados hilaba asqueado los ligamentos. La piel que otros amaron de la pared tiene colgada, goteando dientes granate, chorreando penicilina. Sumergía sus dedos negros de suciedad y carne embrutecidos, entre las costillas abiertas, como puertas al abismo. Al terminar su tarea gozoso ríe y se jacta: ya pensaba, niña mía, que no tenías corazón.

miércoles, 26 de agosto de 2009

Caida.

En tu nuca hay una puerta, quítate esos negros jazmines que voy sin gravedad. Lejano me sube el susurro del cuchillo carnicero, entre tus muslos gimen las damas de noche y tu cuerpo se pone a exigir “su” libertad. “Te mataré” piensa un tequiero, mientras escalas la vereda al vacío, llegando a la pradera del ocaso donde haces jirones tu hastío.
Bajó la sombra de la luna y chapoteó en las aceras, llenó dos charcos de piezas sueltas de trozos de pedazos de un todo, el cielo. Desaparecen los jadeos entre risas, hace ya rato que el sol esta saliendo, la cama empapada de esencias y nosotros sin ganas de hacer de perfumeros.

Agosto

Dibujo con tizas de colores tu olor en el viento. Cuando llueve todo se va por la alcantarilla, tu azur y tu terracota. Cocino en una casa amiga el sabor de tu tierra, pero no se si eso se fríe o se hierve, tu te ríes y tus manos son guías de las mías, y tu boca lejanía susurrante.
Premonizas la agonía, te ríes y se va el hastío, no volveré a lavarme esas manos, no las volveré a utilizar más que ara recordarte en el aire y jugar a vestir y desvestir tu sombra.
Compartes con migo una manzana de colores pasteles, yo pongo en tu tabaco el olvido. Ahora en Casablanca y ahora en Buenos Aires. Tu pal sur y yo del otro lado, dejando el sol coqueto mirarse en el agua salada.

martes, 30 de junio de 2009

Cuando termino de escribir es como si me hubiera corrido, no tengo más que dar de mí.

El cuadro subconciente,


Desde la cima del anfiteatro se veía perfectametne todo el espectaculo. Las luces rojas bailaban sobre los vestidos de seda blanca jugando con el ironico contraste de la piel color terracota de las viejas momias adineradas. Todos ellos se sentían gigantes, dominaban el mundo desde su asiento de cuero. Pasaba un camarero con una bandeja llena de copas de champan, uno de sus zapatos se enredó en los volantes de un vestido.

El articulo indeterminado “un” le quita importancia a las personas, lo unico que importaba era el zapato “24 horas” del camarero ocultandose como un conejo en su madriguera dentro de los dobladillos del vestido. El zapato, a las pocas horas te hacía insensible al dolor, todos los músculos de tu cuerpo se agarrotaban por la tensión y la cabeza repasaba una y otra vez el rigido esquema de “llenar copas, llevarlas, recogerlas, limpiarlas y rellenarlas”. Como los coches de carreras, ahora las copas volaban libres dando vueltas de campana guiadas por el azar.

Esa era la señal.

El azar había hablado, la casualidad colocó las piezas en su sitio.

Una calada más, un último trago, marcas el numero.

Tres, dos, dos, dos, dos, dos. Estas indeciso –dos- te preguntas cuando acabará – dos- el instante se hace perpetuo – dos- el tiempo se ha dilatado – dos – las copas se han cogelado el el aire, el champan vuela llenando el aire con sus burbujas. Dos.

Uno.

Aprietas el boton verde de llamada.

Una vez vi una pelicula en la que llovían sapos, ahora llueven sujetadores de la nueva linea de Victoria Secret con trozos de teta chamuscada.

Y en el fondo sigo siendo un crio, los petardos me parecen algo emocionante, festivo. La polvora adquiere un carácter sagrado, purificador, me ha sanado el alma, ha cicatrizado la herida del mundo. Huele a polvora y yo sigo siendo un crio.

miércoles, 10 de junio de 2009

A nosotros, los que recordamos:


Jamás recordaré la historia que me enseñaron, jamás se la contaré a mis hijos porque podemos estar seguros de que se ha escrito con nuestra sangre. Sangre que llena mares, sangre que mancha cada edificio publico, al que no podemos entrar sin ser antes apuntados con un arma que nosotros mismos hemos fabricado. La sangre es en parte agua, en parte componentes físicos, en parte somos nosotros mismos, una parte de nosotros, y dinero.
Denuncio a todos aquellos que han contado el dinero que corre por nuestras venas y se lo han repartido a su gusto y placer. Denuncio a todos aquellos que han mentido llamando público lo que solo a ellos les pertenece, llamando libre al esclavo analfabeto, analfabeto por no alcanzar a comprender las verdades sepultadas en tumbas y tapadas con banderas, símbolo de la perenne mentira.
No alzo mi puño contra ellos, pues tampoco me pertenece, al igual que mi sangre. Mi violencia no servirá para desenmascarar las verdades que agonizan bajo el telón de acero. Levanto como estandarte la palabra, el recuerdo de aquellos que fueron asesinados defendiendo la verdad. Alzo alto y claro el grito de mil gargantas que me precedieron y antes de acostarme susurro una plegaria por aquellos que me sucederán.


Decidme que no y no trataré de convenceros, pues respeto vuestra libertad de ser hombres esclavizados, pero jamás comprenderé porque permitís que sean vuestras manos las ejecutoras de las mentiras. Vuestras manos son las mismas que apagan el despertador a las siete para ir a trabajar, y en ese momento dejan de ser vuestras. Acariciad vuestros rostros cansados, tocaros las ojeras azuladas que se extienden bajo vuestros ojos y decidme porque, explicadme porque si hay otro camino. El camino de los hombres libres, hombres que hacen su propia justicia, hombres que escriben su historia con sus palabras, hombres que han hecho girar el mundo en pro de una vida mejor. Usad vuestras manos para secar lagrimas, no para empuñar fusiles, levantaros por la mañana para ver el sol y no suspiréis ante otro día amargo. Todos tenéis la llave para cambiar el mundo, tan solo se necesita una palabra, un gesto de valentía y elegid vuestro camino, vuestro mundo, vuestra justicia. Es vuestra libertad como personas.

miércoles, 20 de mayo de 2009

Circulo II


Habitación naranja.

Naranja, es el color del fuego. Me gusta tanto como el crepúsculo, el naranja de mis recuerdos. Naranja es la vorágine – suerte que existe una palabra que lo exprese. Es húmedo y caliente, fuego interno. Es un sentimiento que precede el amor.
Es desgarrador como un aullido en una estancia hermética, donde el eco jamás cesa.
Me gusta el naranja porque con él la luna arde, baja hasta mí para volver a irse, cruel y lentamente.
Naranja fueron las estrofas de Masoch, y azules las de Sade. Por eso, yo que soy un animal violento, busco lo más cercano a la muerte, ese sueño escurridizo, ese orgasmo egoísta, algo que me haga sentirme insignificante. Insignificante como un capricho infantil, como una bofetada materna. Ser una huella en el lugar del crimen, los cimientos de un castillo encantado, el tronco de una secuoya muerta. Algo que ya pasó.

Anatomía de un diablo.

Siento latir mi corazón, como único movimiento en el universo, desde mi trono solitario. No hay brisa en el horizonte, ni nubes en el cielo, no hay ruido en las calles, solo el lento latir. Sístole y silencio, diástole y espera.
Desciendo sobre la pradera, arropado por la sombra de mi libertad, que es eco, esperanza, que se va para no volver.
Busco un “tú” en el universo, y pierdo el “yo” en el silencio, en tu pecho de altas cúpulas, catedral del silencio, lastre en mis pulmones.

“Desde tu corazón me dice adiós un niño.
Y yo le digo adiós.”
Neruda.

Pero no me perderé en laberintos soñados, que en éxtasis mundanos, parten en cien surcos mi mirada.
Amaré tanto ese amor idealizado, joven, ciego e inexperto, que hasta el tiempo grave e implacable, escapará como un ladrón cobarde.
Amaré y haré mío, aunque muera y vuelva a nacer. Como un lactante cogeré la apariencia extraña para arropar en mí soledad ese sentimiento primero. Una y otra vez.
Jamás, vejez, segaras con tu guadaña la primavera nueva. Pues no corta el acero ni el péndulo el aire que en mí se agita. Mil mariposas que viven un soplo, y mueren tan bellas como cuando nacen, dejando larvas en letargo, contando días para volver al cielo.

Olor.

Tus senos huelen a antiséptico, y tus labios a tinta fresca. Tus manos corrigen lo extraño, en orden a lo conocido y tu sombra sigue el sol, de fondo, como una brújula. ¿Cómo quieres que no te huya, razón de libros y maestros, si nunca supe escuchar?


Es este un mundo triste, amiga. Y eso ya lo sabes.
Nadie necesita tus miradas fugitivas, excepto yo. Y eso ya lo sabes.
El eco de tu sardónica risa provoca espasmos en cualquier otro, pero en mí es puro éxtasis. Y eso, amiga mía, quizás ya no lo sepas.

- Y para ti dejo paginas vacías… Por si quieres escribir. Y en vano digo que no te dejaré morir.

CIrculo I


Impostura intelectual – apertura.

Piérdete, palabra, pues cada vez que te encuentro, cogió impulso y me pierdo en tus torbellinos. Suelta tus amarres y húndete en el horizonte, vete al fin del mundo, de donde jamás debiste salir. Pero deja tras de ti la sombra, la huella, lo que es volátil e intangible. Esfúmate, pero que el pensamiento permanezca, claro y limpio, sin estar encadenado a ti, blasfemia.


Fuengirola.

La primera noche, aquella que nunca se olvida, dormí en tus rincones. Ahora eres para mí como aquel amor monstruoso, que desgarra la inocencia y cambia la mirada.
En el crepúsculo, mi corazón recogía tus caricias y mi sombra esperaba a levantarse del suelo, como un par de alas, impaciente.
Ahora ya no calmas, tú, mi sed de voluptuosidades, eres tú un clavo ardiendo al que he de agarrarme para coger impulso una vez o otra.

… y llovió.

Siempre he vivido solo, en una roca no muy lejos de la orilla, pero lo bastante como para no llegar a tocar tierra sin ahogarme. Con el paso de los años mi pelo se fundió con las algas y mi carne se volvió agua. Me deslicé entonces entre las olas marinas, soñando con tocar los cuerpos ociosos que jugaban en la dorada arena, pero la corriente me arrastro hasta dios sabe donde – una torre solitaria, gris y húmeda.
Ah! Que de vueltas te da la vida cuando eres unos litros de agua en la inmensidad salada.

Confesión.

No puedo amar, no porque no ame, sino porque amo sin saberlo. Y todos los días voy a mi acantilado favorito a volar, esperando esa brisa que una vez ya impidió que me matara.

Fin:

No soy yo el que se atormenta, sino que eres tú la lluvia que no cesa. No soy yo el que llora tu perdida, sino que eres tu la que no devolvió el corazón prestado.
Con tu bello antifaz de lirios, te colaste en mi cama, donde guardé, incauto, lo más preciado. Y como la noche, te fuiste, dejando el olor de tus mentiras, tan familiar en la ciudad donde vives.
Se que no me costaría seguirte el rastro, hacer como el que no te conoce y devolver lo robado a su lugar, que siempre es el mismo. Pero se que te volverías a ir, pues eres como la palabra, que ha pasado por tantas bocas, que ya no sabe quien es.